¡Que no es política! ¡Que es HISTORIA!

Un fantasma recorre Europa: el fantasma de la ignorancia, de la manipulación y de la mentira... y para justificarse, tirios y troyanos no dudan en retorcer la Historia, mi amada Historia, para acercar el ascua a su sardina.

Y esto no funciona así, o tenemos una conversación académica o no cuentes conmigo. Es como si me pides jugar al parchís y tú juegas con las reglas de la oca. No hay entendimiento posible, o jugamos a lo mismo o esto no tiene sentido. Así de simple. 

No me preguntes quién tuvo la culpa de la Guerra Civil, no me preguntes quiénes fueron los «buenos o los malos». No me seas simplista, demonios. Esto no es Star Wars con el Imperio y la Alianza Rebelde. No me preguntes si la Inquisición fue buena o menos buena que otra caza de brujas en un país protestante. Yo no juzgo, no es mi trabajo, no es mi función. Yo explico, intento explicar, procesos históricos apoyándome en documentación y con un marco teórico. La opinión es cosa vuestra.

Alucino cuando los políticos, ¡TODOS!, hablan de historia. ¡Callaos, cretinos! ¡Cada vez que abrís la boca sube el pan! Que si la nación tal, que si la nación cual. Menudo regalito nos dejaron nuestros decimonónicos y románticos amigos cuando mezclaron términos como estado y nación

Portada de un clásico básico que me venía que ni pintado para el artículo. Fuente: Casa del Libro.

Alucino con la prepotencia de nuestra sociedad occidental que juzga con su par de... argumentos a las gentes del pasado. Que si Colón era no sé qué, que si Manolito no sé cuántos. Criticar a Colón por genocida es como meterse con él porque no viajó en avión al Caribe. Es que era mu tonto, pudiendo haber cogido el avión en Barajas prefirió jugarse la vida en un trozo de madera que flotaba. Supervivientes versión extrema...

La gente que nos precedió no compartió nuestros valores, no comparte nuestro «utillaje mental», y mal vamos si con nuestras categorías vamos a juzgarles a ellos. La historia puede servir (puede, reitero) para ser consciente de los millones de personas humilladas y ofendidas. Un recordatorio de por dónde no podemos ir. Nada más... y nada menos. Y soy muy consciente de ello, pues mi campo de estudio es la brujería con todo lo que ello conlleva. Y a mí no me va nada en defender a Colón; por mí como si se opera. Pero sí que me molesta mucho que se utilice la historia con réditos electoralistas o de cualquier otro tipo. En esa trinchera sí que me encontrarás.

¿Muchos os creéis mejores que los que nos precedieron? Me asombra vuestra prepotencia. Mirad en la India, donde hacen vuestra ropa superchuli mujeres en talleres tan infectos que hasta se les derrumban sobre sus cabezas. Enfádate y escríbeme, insúltame con tu móvil que necesita coltán para funcionar. Yo tampoco soy mejor que tú, compro la misma ropa que tú y tengo móvil, pero al menos soy consciente del precio de ello. Y ahora ten el valor de condenar a alguien con el pretexto de ser esclavista/genocida.

Alguno se habrá venido arriba con lo de Colón, porque ciertamente estamos viviendo una vuelta a la Leyenda Negra. Mira que me he comido insultos por esto en la red, pero lo voy a reiterar: de Leyenda Negra, nada. Así de simple. El ataque a Colón dudo que sea Leyenda Negra, me pregunto cuántos de los que estaban el famoso día que quitaron la estatua sabían que los barcos en los que viajó Colón estaban pagados por la Isa y el Fer. Muchos creen que Colón era genovés, que por cierto, da igual de donde fuera. Los barcos los pagaron los Reyes Católicos, y el resto es hablar del sexo de los ángeles.

Lo malo es que me meto con la «niña bonita» de cierta literatura que no historia «imperiofóbica». Y no quiero ni nombrarla, y no, no me meto con ella porque políticamente sea así o asá. Me meto con ella porque tergiversa cosa mala mi adorada Historia. Así de simple. Otra vez, antes de responderme de manera airada y tacharme de algo te coges YouTube y buscas a Ricardo García Cárcel, te enteras de quién es y te ves todos sus vídeos. Luego, si te queda valor, me respondes de manera académica. De otra manera borraré tu comentario, probablemente te bloquee, y pasaré a otra cosa.

Captura de pantalla del tuit mítico de nuestros admirados Ad Absurdum el día después de la Fiesta de la Hispanidad.

Y un aviso, los historiadores estudiamos lo que nos da la real gana. Cada uno con sus intereses investigadores. ¿Que por qué no estudiamos a tal o cual personaje? ¿Por rojos, verdes, azules o violetas? No, porque no nos interesa ese personaje, lo que no quiere decir que tengamos nada contra él salvo que, de nuevo, no nos interesa. Al menos a mí. Personalmente prefiero los herejes, los apaleados por la historia, los que no triunfaron teniendo todo el derecho del mundo a opinar distinto. En la falla del discurso oficial encuentro oro para entender un periodo histórico.

Alguna opinión personal tendrás, dirán algunos... pues os lo voy a decir. Antes defendía mis ideas de manera vehemente. Tengo amigos de todas las tendencias políticas y he pasado grandes noches debatiendo con ellos. Ahora mismo os juro que no entiendo nada, no defiendo nada. Me limito a preguntar a mi interlocutor en voz muy queda. No defiendo a nadie, intento comprender el mundo tan complicado que me ha tocado vivir. Sufro por el futuro de mis hijos, por ella y por él, por la intolerancia que palpo, por la falta de racionalidad. Y esto es en España, en Estados Unidos, Brasil o Italia, por poner algunos ejemplos. ¡Cómo nos gusta a los españoles pensar que somos diferentes, los peores cainitas!

Si algo me ha dado la Historia es espíritu crítico y la tan traída y manoseada empatía. Hablo con un empresario y entiendo sus quejas, hablo con un autónomo y también. Hablo con un trabajador por cuenta ajena y lo mismo. Si me cruzo con alguien que piensa distinto a mí, intento entender por qué piensa así. No lo juzgo, no soy nadie para hacerlo, y si creo que está equivocado y es una persona que merece la pena le expongo mis argumentos. Puede que los acepte, puede que no... puede que el que cambie sea yo.

Para mí, ser a día de hoy historiador es mi tabla de salvación. En mis locuras, en mis libros, en mis clases, en mis papelitos... el ruido del boli al rasgar el papel, el olor del mismo, la calma de la noche, el placer de la lectura atenta y reposada... Encuentro en ello  la calma que no tengo fuera. Me dejo el alma en ello, y no es porque sea muy trabajador, sino porque mi trabajo me apasiona. Echo más horas que un sereno, y encantado de hacerlo. Por cierto, no me digas que te hubiese gustado ser historiador como yo pero que hiciste no sé qué porque la Historia «no da dinero». No sabes los contenedores de basura que me he comido para llegar donde estoy. Y no, no soy ministro de Cultura, pero humildemente puedo decir que feliz de trabajar donde lo hago.

Actualmente estoy fascinado por el cine, sigo con mis adoradas brujas, con mis herejes, con mis minorías como moriscos o judíos. Estoy descubriendo el periodo entre mediados del XIX y principios del XX. Alucinante. Me estoy metiendo en el mundo de la historia de la criminología, la pasada celebración del Día de la Mujer me hizo pensar que me tengo que poner las pilas en feminismo... será por intereses. Y esto es lo que me gusta y lo que me divierte. Y si tú quieres hablar de Historia para justificar tu ideología es que no me interesa. Me aburre, es una pereza intelectual suprema la que me da dedicarte un momento de mi vida.

Entendiendo que lo de «nietas» es una figura literaria... a ver quién es el guapo que niega la premisa. Otro combate por la Historia. Fuente: 20 Minutos.

En el mundo académico encuentro gente con mis mismos intereses. No hablo solo de temas de investigación, sino de su pasión por aprender y compartir. Los otros profesores me muestran sus grandes trabajos, me apasiona ver cosas diferentes. Debato con mis alumnos, les intento hacer pensar y, cuando hablan, es una maravilla. Les digo que no se fíen de nadie empezando por mí, que investiguen, que busquen, que sean críticos. Eso sí, con datos, con bibliografía, con razonamientos. ¿No es para eso ir a la universidad?

No hablo con otros profesores de política, hablo de sus proyectos de investigación y los valoro; y adoro a algunos, por la enorme calidad de sus trabajos. No sé cómo demonios piensan, y me es indiferente si son conservadores, liberales, socialistas... Tengo a un experto de una materia frente a mí y me importa muy poco su ideología, salvo que justifique barbaridades algo muy improbable, sino el aprender de él o de ella.

Sed buenos, queridos niños y niñas, o niñ@s, que lo mismo me da que me da lo mismo. Tengo la sensación de que cuando publique esto se va «a liar parda», pero es lo que hay. 

Un afectuoso saludo a todos.

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