La primera guerra de espadas "láser" fue en el siglo XIX.

Realmente no sabía muy bien cómo titular la entrada que vais a leer. Bien podría haberse llamado "Deliquios de un friki" ( por cierto, cómo me gusta la palabra deliquios, que aprendí gracias al grupo gallego Siniestro Total....), pero preferí ser más pragmático.

Comencemos con nuestra historia. Poco, muy tristemente poco, tiempo y dinero puedo distraer para lecturas que no tengan que  ver estrictamente con mi tema de investigación, pero de vez en cuando me doy un capricho y en el caso que nos ocupa no fue precisamente uno barato. Se trató del fantástico, con cuidada edición,  libro Algo en la sangre de. La biografía secreta de Bram Stoker, el hombre que escribió Drácula, de la editorial Es Pop Ediciones, que aprovecho para recomendar por su más que curioso catálogo. 

El autor del voluminoso libro, casi setecientas páginas, es David J. Skal y tengo que decir que hacía un tiempo que no había devorado un libro de igual manera en años. Resumiendo muy mucho, el libro es un recorrido por la fascinante Gran Bretaña victoriana con Oscar Wilde, vampiro real y maravilloso, como gran estrella y Stoker como comparsa. Así al menos me lo parece a mí, y es que la vida de Stoker fue realmente algo anodina. 

¿Y lo de las "espadas láser"? Vamos por partes. Me declaro fan incondicional de la saga de La Guerra de las Galaxias, lo que los muchachuelos y muchachuelas de hoy llamáis Star Wars. ¿Quién no ha cogido un palo de escoba y haciendo el ruidito no ha empuñado un sable láser? Pues imaginad mi sorpresa cuando, leyendo el libro, supe que la primera pelea de espadas láser tuvo lugar en el siglo XIX, en concreto el 19 de diciembre de 1895 en el estreno de la obra teatral de Fausto en el londinense Lyceum Theatre

Fotograma de Star Wars. Una de las luchas de espadas míticas de la saga. Fuente: rollingstone.de
¿Y qué tienen que ver Fausto, Stoker y sables láser? Pues todo lo explica el actor y empresario Henry Irving, primero de su oficio nombrado "Sir". El actor, que muchos apuntan como inspiración para Drácula, era un personaje que debía tener un magnetismo especial -aparte de un ego inmenso- y que atrapó con él a Stoker en una relación que, resumiendo mucho, podríamos calificar de extraña. Algunos sugieren incluso algo más que amistad y hablan de atracción física por pare de Stoker, por muy casado que estuviera. Cuando menos podemos hablar de una relación de servilismo exagerado de Stoker hacia el actor del que, por cierto, podemos escuchar su voz, algo que me parece muy muy curioso.


Efectivamente, Irving era el protagonista del Fausto que se estrenó en 1895, una superproducción llena de efectos especiales que tanto gustaban en la época. En un momento de la representación se produce una lucha de espadas entre Mefistófeles (Irving) y otro personaje (Valentín) con espadas electrificadas de las que saltaban chispas azules cuando chocaban provocando el asombro y susto del público y, en ocasiones, de los propios actores. 

Escena central del Fausto de Irving.
Fuente:Shakespeare Institute Library
El efecto fue obra de un socio de Edison, el coronel Gouraud y el sistema es explicado por el propio Stoker:
Sobre el escenario se atornillaron dos placas de hierro a una distancia predeterminada, de modo que, en el momento de batirse, cada uno de los espadachines situara su bota derecha sobre una de las placas, que representaban un extremo de la corriente interrumpida. Un cable subía de la bota, recorriendo los disfraces de ambos, hasta salir por el extremo de un guante de caucho, en cuya palma había un pedazo de acero. De esta manera, cuando ambos enarbolaban sus respectivas espadas, se producía un destello cada vez que se entrechocaban. 
Como era de esperar, los actores se llevaron más de un calambrazo que disimulaban como podían en una escena envuelta en llamaradas azules.  Yo, sinceramente, no conocía esta anécdota que me encantó y espero que también os haya gustado.



El libro, reitero maravilloso, no acaba por supuesto en esta pequeña anécdota. Tengo el libro acribillado a notas, post-its y marcas. Buscaba a Drácula y su creador y me encontré con un relato brutal de un siglo XIX, sobre todo el final, que cada día me fascina más. Junto con el final del siglo XVI, me parece uno de los siglos (occidentales) más inverosímiles de la historia. Volveremos al libro de Skal en otra ocasión.

Un saludo a todos.

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